Fuente: PrensaNet
Con la esperanza de continuar desarrollando su vida en libertad, un grupo de 153 personas zarpó del puerto de Liverpool en Gales. Corría el año 1865 y el pueblo galés daba un giro a la historia. Desde hacía décadas era objeto del sometimiento de Inglaterra y su necesidad de contar con carbón a través de la explotación de las minas que este territorio poseía, en plena Revolución Industrial.

Los galeses eran perseguidos por sus expresiones culturales, incluyendo la lengua gaélica, lo cual motivó que un grupo organizara expediciones para encontrar otro lugar en el mundo donde vivir. En este marco se creó en el Reino Unido una sociedad para la emigración galesa, con Lewis Jones al frente, en el año 1850.
Algunos fueron a Estados Unidos donde se fusionaron con otras culturas nórdicas y perdieron prácticamente su acervo. Otros llegaron al sur de la Argentina, un país que se estaba consolidando como Nación con una fuerte política inmigratoria.
A borde de la goleta “Mimosa”, tras dos meses de dura navegación, el contingente de 153 hombres, mujeres y niños arribó a un territorio semidesértico. Previamente habían viajado a la Argentina y la región Jones y Edwin Roberts, quienes se habían convertido en líderes de esta empresa junto al reverendo Michael D. Jones, el capitán Love Jones Parry y el Reverendo Abraham Matthews.
UNA TIERRA INMENSA
Ese 28 de julio la Patagonia se abría inmensa ante ellos, sin autoridades administrativas estables ni atención de ningún tipo. Pero era el sitio ideal para practicar su fe, mantener su lengua y tradiciones además de ejercer sus derechos políticos.
En la costa donde se habían asentado primeramente, sobre una quincena de cavas donde se erigieron pequeñas viviendas de adobe y paja en sitio hoy reconocido como Punta Cuevas, no había agua dulce. Por lo tanto su derrotero continuó por tierra hasta la cordillera, encontrándose con las cristalinas aguas del hoy río Chubut y los bosques. Trevelin (El Pueblo de los Molinos) fue el sitio final.
EL CAMINO DEL AGUA
En el camino hacia el Oeste se crearon varias colonias linderas al río. Hoy las conocemos como Gaiman, Dolavon, 28 de Julio, Bryn Gwyn. La apertura de canales para que corriera el agua dulce y el cultivo de una tierra totalmente virgen, dio de comer a un pueblo que venía de la minería hambriento de paz.
Sin embargo, a los dos años de su venida, los colonos estaban hartos de fracasos por la sequía y discusión mediante, votación después, decidieron irse. Mientras esperaban la llegada del barco que los llevaría a otro punto del país, seguramente Santa Fe, les llegó la propuesta del entonces Ministro del Interior Guillermo Rawson, de que probaran un año más. La apertura de los canales de riego les hizo revivir las esperanzas y finalmente se quedaron. Era 1867.
Entre los años 1874 y 1876 llegaron nuevos contingentes de galeses y la colonia comenzó a prosperar con el gozo de ciertos privilegios por parte del Estado, como tener su propio gobierno, sistema de justicia y billetes bancarios escritos en inglés. Editaron libros y periódicos en galés.
CONVIVENCIA PACIFICA
Estos galeses también se encontraron con que no estaban solos. Los tehuelches tenían su lugar y también sus costumbres. Si hay algo valioso que resaltar de la colonización galesa, fue el intercambio pacífico que se produjo entre ambas culturas, la sana convivencia y un provechoso ida y vuelta: los aborígenes compartieron su sabiduría para la pesca y la caza, cedieron caballos y comerciaron con los galeses sus quillangos y pieles.
Esta época de bonanza duró hasta 1880 cuando el gobierno argentino envió al Ejército a poblar estas latitudes, con el consiguiente combate al aborigen. A pesar de los intentos de los galeses por salir en su defensa enviando emisarios a Buenos Aires, desde el gobierno central no se cambió de parecer.
LAS MEZCLAS
Con el correr de los años y ante la imposición de tener docentes hispanohablantes, los colonos comenzaron a integrar su cultura con los nuevos habitantes de estas tierras. Emigrantes italianos, españoles y de otros puntos del mundo también llegaban a estas latitudes en busca de una mejor vida. Comenzaron a producirse matrimonios entre distintas etnias y ello posibilitó el crecimiento de las poblaciones.
La llegada del ferrocarril, en 1889, fue otro impulso para las colonias y permitió el surgimiento de dos ciudades: Puerto Madryn y Trelew. Si bien su fin era netamente económico y comercial, ya que sus vagones traían del valle al puerto la mercadería de las chacras y del puerto viajaban otras provisiones para el interior de la provincia; también cumplió un rol fundamental en la vida social de todas las poblaciones hasta 1961, cuando el gobierno decidió cerrarlo.
EL PLEBISCITO
Como agradecimiento al gobierno argentino por la oportunidad que se les otorgó, la colonia galesa del “Valle 16 de Octubre” que estaba asentada en la cordillera chubutense votó –en las instalaciones de la Escuela N º 18 del río Corintos- seguir viviendo bajo su soberanía. El gobierno chileno reclamaba para sí esas tierras y la presencia de los colonos permitió afianzar la soberanía nacional. Ese día, según se recuerda, el maestro Owen Williams izó la bandera argentina y se entonó el himno nacional.












